martes, 8 de febrero de 2011

IN NOLAN WE TRUST

Recientemente se han hecho públicos los nombres de los actores que encarnarán a los supervillanos en The dark knight rises, la nueva entrega del Batman de Christopher Nolan. En esta nueva cinta de la resucitada franquicia serán Anne Hathaway y Tom Hardy quienes se disfrazarán de Catwoman y Bane con el objetivo de crear los máximos problemas posibles al superhéroe más carismático de la historia del celuloide. Digo esto porque hay que reconocer que Spiderman, Superman y demás superhombres en mallas jamás se han caracterizado por una estimulante vida interior. Ni siquiera Batman, en manos de otros directores, había alcanzado unos registros dramáticos como los magistralmente interpretados por Christian Bale. Es cierto que Nolan partía con una ventaja importante, ya que el personaje creado por Bob Kane en los años treinta tenía bastante más empaque que la mayoría de sus compañeros de “profesión”. Probablemente porque tenía que compensar su falta de superpoderes con un extra de carisma.

No obstante, el carisma no suele ser el punto fuerte de los superhéroes cuando se ponen frente a una cámara de cine. Ni los personajes, ni los actores que los han interpretado, se han caracterizado generalmente por su atractivo (personal, que no físico). ¿Qué hace más interesante una película de este subgénero? Desde mi punto de vista son los villanos. Pon un buen supervillano en tu guión y éste ganará enteros. Basta con observar unos cuantos repartos para darse cuenta de hasta qué punto esto es un hecho. Pongamos a los buenos y los malos en ambos lados de la balanza y veamos dónde tenemos más quilates. El hombre de acero (valga el apelativo también para su apabullante registro expresivo), interpretado por Christopher Reeve o Brandon Routh ha luchado contra Gene Hackman o Kevin Spacey. El hombre araña tiene el rostro cinematográfico del soso Tobery Maguire, incapaz de mantener el característico sentido humor del personaje mientras pelea con pesos pesados como Willem Dafoe o Alfred Molina. Toda la patrulla de los X-Men junta no le llegaba ni a la suela del zapato al gran Ian McKellen, por mucho que Hugh Jackman y Patrick Stewart combinaran su saber estar con el atractivo de Halle Berry. Ésta, puede también añadir a su nómina el dudoso honor de haber protagonizado esa joya titulada Catwoman. En esta ocasión el ridículo era compartido entre heroína y villana, ya que Sharon Stone tampoco estará especialmente orgullosa de esta línea en su, por otra parte, poco destacable nómina de personajes. Otro título con equilibrio de fuerzas es el Hulk de Ang Lee, en el que Eric Bana y Nick Nolte hacen el ridículo a partes iguales por gentileza de un desubicado director. Es, curiosamente, en la segunda entrega de las renovadas aventuras de Bruce Banner donde nos encontramos pesos pesados en los dos bandos. Edward Norton es sin duda uno de los grandes de su generación, pero Tim Roth aguanta la comparación. Otro caso reciente es el de Ironman, en el que Robert Downey Jr. mantiene un equilibrado tête à tête con Jeff Bridges.

En definitiva, tenemos dos opciones. El supervillano le da mil vueltas al superhéroe o, como mínimo, ambos están a la par. ¿Por qué? Bueno, está claro que el bueno se va a salir con la suya, así que es un bonito detalle otorgarle esa victoria moral al derrotado.

Volviendo al señor de la noche, la tendencia se mantiene. A lo largo de los años Michael Keaton y Val Kilmer se han enfrentado, por poner algunos ejemplos, a Jack Nicholson, Christopher Walken y Tommy Lee Jones. Me niego a mencionar a los actores de esa aberración titulada Batman y Robin, ya que estamos hablando de cine.

Con Batman begins, al hacerse cargo de la franquicia, Christopher Nolan decidió buscar a un actor capaz de soportar un personaje con una profundidad mucho mayor a la de ningún otro superhéroe de celuloide. Christian Bale fue una buena decisión (no así su doblaje al español). Pero no contento con eso captó la idea de que para conseguir una buena película tenía que rodearle de otros buenos actores, mejores que él a ser posible. No contento con el habitual binomio héroe-villano, tiró la casa por la ventana y completó el reparto con nombres de la talla de Michael Cane, Liam Neeson, Morgan Freeman, Gary Oldman, Tom Wilkinson o Ken Watanabe. Ya no estábamos hablando de un actor decente enfrentado a uno bueno. Nos encontramos ante un reparto de los que te aseguran un hueco entre las mejores películas del año a poco que su director sepa lo que se trae entre manos. Y ya lo creo que Nolan lo sabía.

Para mantener el nivel en The Dark Knight, Nolan retuvo en nómina a Cane, Freeman y Oldman, además de a Bale, claro está. Y para completar el elenco en dos papeles fundamentales recurrió al sorprendentemente poco conocido Aaron Eckhart y, sobre todo, a un brillantísimo Heath Ledger, que nos legó antes de su muerte al mejor personaje jamás visto en una película de superhéroes.

Vistos los nombres que el virtuoso director había conseguido reunir para sus dos primeras entregas del hombre murciélago, los rumores sobre el reparto de una futura tercera entrega han invadido la red durante los últimos años. Mi favorito fue aquél en el que se hablaba de un Enigma interpretado por el previsiblemente histriónico Johnny Depp y un Pingüino cobrando vida a través del siempre brillante Philip Seymour Hoffman. En su lugar, para mi decepción, nos encontramos con la protagonista de grandes títulos como Princesa por sorpresa o Guerra de novias y un actor al que sólo conozco por sus anodinos papeles secundarios en Origen y RocknRolla. No obstante, no quiero convertir esta desilusión en desconfianza. Cuando alguien lleva tanto tiempo demostrando que sabe lo que hace y que es realmente bueno en ello, hay que darle un voto de confianza, y como el otro día sentenció un compañero con el que conversaba sobre este tema: In Nolan we trust.